Educar de 12 a 15 años

Papel de los padres:

La crianza de los hijos puede ser la tarea más gratificante de la vida de los adultos. Nada nos da más alegría y orgullo que un niño feliz, productivo y cariñoso. Cada edad y etapa del desarrollo infantil tiene metas y tareas específicas. Para los bebés es comer, dormir y explorar su mundo. Para los adolescentes es desarrollar su propia identidad dentro del grupo de amigos.

Los adolescentes necesitan muchas destrezas para poder lograr exitosamente su meta de mayor independencia. Algunos de ellos no logran hacer esta transición sin problemas. El paso hacia una mayor independencia puede causarle tristeza y estrés a los padres. Algunos aspectos de esta transición son normales, y aunque causan mucha tensión, no deben ser causa de alarma para los adultos.


Comenzar temprano es la mejor forma de prepararse para la adolescencia de los hijos. Las siguientes son maneras en las que los padres pueden prepararse y preparar al niño para una buena transición a su edad adulta. Sin embargo, no se puede desconocer que cada niño es un universo único, irrepetible y completamente individual. Las observaciones que acá se mencionan constituyen sólo una parte de un complejo mundo que debe ser observado, manejado y aplicado, según cada situación particular.

 * Proveer un ambiente seguro y amoroso en el hogar.


 * Crear una atmósfera de honradez, confianza y respeto mutuo.


 * Permitirle al adolescente la independencia apropiada para su edad.


 * Desarrollar una relación con el niño que le permita confiar en los padres cuando tenga preocupaciones o problemas.


 * Enseñarle la responsabilidad básica para con sus objetos personales y para con los suyos.


 * Enseñarle la responsabilidad de ayudar en la casa.


 * Enseñarle la importancia de aceptar límites.

 

Estos son procesos complejos que ocurren gradualmente y comienzan durante la infancia. Los años de la adolescencia serán de menor estrés cuando los padres y los hijos han trabajado juntos en estas tareas a través del desarrollo infantil previo.

La habilidad para hablar abiertamente acerca de los problemas, es uno de los aspectos más importantes de la relación entre padres e hijos. Desarrollar esta relación requiere persistencia y comprensión. La relación se va generando gradualmente al dedicarle tiempo al niño. Una forma de lograrlo es aprovechar las comidas para narrarle cuentos, jugar con ellos en sus espacios, disfrutar de un tiempo juntos durante las excursiones, las vacaciones y las celebraciones. Esta relación crea una base de confianza que le permite al niño el discutir con sus padres los problemas y conflictos que surjan durante la adolescencia.

Una relación padre-hijo llena de conflictos y tensión en la pre-adolescencia, puede ser una señal de la necesidad de ayuda profesional. El tiempo y la energía que invierten los padres durante la infancia de sus hijos puede prevenir que los problemas pequeños de la infancia se conviertan en los problemas graves de la adolescencia.

Pero la adolescencia constituye también una etapa crítica para los padres, ya que estos tendrán que vivir junto con él, muchos cambios: el hijo que tienen frente a sí no es un niño, pero tampoco es un adulto; tendrá sorpresivos cambios en el comportamiento, mostrándose en constante oposición y desafiante; parecerá que está peleado con todos y con todo, se muestra inconforme con todo lo que antes era aceptado, como la familia, la sociedad, la cultura, la religión, etcétera.

También será necesario entender que el adolescente siente la necesidad de estar menos tiempo con sus padres, lo que le va a permitir desprenderse de ellos y estar en la posibilidad de establecer nuevas relaciones, principalmente con otros adolescentes hombres y mujeres. Los padres también deben entender que el adolescente desarrolla modas en el vestir, en el saludo, en el lenguaje, en la presentación personal, "se casa" con ideas radicales manifestándose partidario de múltiples movimientos, etcétera.

Todas estas situaciones van a repercutir, de una u otra forma, en mayor o menor medida, en la actitud y en el comportamiento de los padres hacia sus hijos adolescentes, y es así como también con el aporte de los padres (idealmente tolerando y guiando estos cambios), el adolescente va conformando su identidad.

Tomado de: Revista ser padres hoy