Notas familiares

La Depresión en los Niños

Estar triste es una cosa. Tener depresión es otra. Y más en los niños. ¿Qué es? ¿Cuáles son sus síntomas? ¿Cómo tratarla?:

¿Qué es la depresión infantil? ¿Cuáles son sus síntomas?

El tema es bastante delicado y bastante común: 5% de los niños y adolescentes pueden llegar a sufrirla.


Nuestro cerebro siempre está siendo irrigado por químicos: dopamina, adrenalina, serotonina, etc.


Cuando se presentan situaciones negativas para el niño (como perder el año o algún objeto de valor sentimental, discutir con mamá, sentirse maltratado por alguien), estos químicos se desbalancean.


Este desbalance puede llegar a ser tan fuerte que ocasiona alteraciones psíquicas como tristeza extrema, ansiedad, rabia contra sí mismo y contra el mundo, sensación de fracaso y pesimismo, sentimientos de culpa, falta de interés por las cosas que le gustaba hacer, todo lo expresa de forma negativa, con personajes que sufren maltrato, que son "estúpidos", que “hacen las cosas mal y merecen un castigo”.


También ocasiona manifestaciones físicas como dejar de dormir o comer, también tener sueño constante, recluirse y no querer ver o comunicarse con nadie, sentir cansancio todo el día, dolor de cabeza, mareos, cambios en el ciclo menstrual si se trata de una niña, golpearse, tomar sustancias como alcohol o drogas e incluso intentar suicidarse.


Como vemos, tener depresión no es estar triste ni decaído, ni sentir debilidad. Es mucho más, algo que no puede “controlarse”, que comienzan en la niñez y puede durar toda la vida.

 

¿Cómo se detecta la depresión en los niños?

Para ello existen pruebas específicas que ayudan a establecer qué tratamiento se requiere, qué drogas tomar, qué forma debe adoptar la familia para relacionarse con el niño.


Algunos de estos exámenes son la escala de Hamilton o Beck, el Test de Rorschach, el Multifásico de Minnesota, la poligrafía del sueño, el examen de supresión de Dexametasona. Estos sirven para descartar enfermedades asociadas, que pueden influir en el estado anímico del niño, acentuando la depresión o generándola.


Con esto queda clara una cosa: hablar con nuestros hijos, tratar de entender sus conductas y observarlos, es muy importante, pero no suficiente para diagnosticar acertadamente una depresión infantil.

 

¿Cuáles son los peligros de tener un niño depresivo?


Van desde el aislamiento social, hasta las agresiones físicas y el suicidio. Así que ya sabes, hay que poner atención.

Ahora, ¿cómo se debe manejar? ¿Cómo ayudarle a nuestros hijos?

Lo fundamental es dar el tratamiento adecuado contemplando tres aspectos básicos: el biológico con la utilización de medicamentos, el psicológico con la visita a un especialista que le ayude a solucionar sus conflictos psíquicos y el social con el apoyo de la familia.


Por tu parte, como mamá puedes motivarlo para que asista a terapias y también asistir tú para entender mejor la situación, para tener claro qué debes darle, cuándo y en qué dosis.


Además, junto con tu familia, puedes crear en casa el ambiente propicio, hablando con tu hijo, mostrándole tu afecto sin exagerar, sin enfatizar en su enfermedad, invitándolo a salidas en familia, juegos, paseos, reuniones con amigos, participación en grupos de danza, natación, etc, donde pueda fortalecer su autoestima y encontrar cosas que lo motiven. Hablando de motivar, regalarle una mascota puede ser una buena idea. Todo esto le hará su vida más fácil y le dará un ambiente más feliz.

Tomado de: Revista ser padres hoy